martes, 4 de septiembre de 2007

Magnus Norman, el mago de la Didáctica I

En los oscuros pasillos de la Universidad de Humanidades los oídos atentos saben percibir todavía los murmullos que recuerdan la vida de Magnus Norman. Teórico eminente, fue, no obstante, su labor como profesor la que le inculcó el bien merecido mote de “mago de la Didáctica”.
Querido por sus alumnos, respetado por sus pares y admirado por sus métodos de enseñanza –por el contrario, bastante impares-, Magnus era capaz de enseñar de manera satisfactoria cualquier cosa: “París es la capital de España”, “el poroto es una planta monocotiledónea”, “el hidrógeno es un metal”, entre otras barbaridades.
Con las anécdotas que enlistaremos a continuación no intentamos abarcar todos los aspectos de la vida del maravilloso Magnus; guardamos, empero, la esperanza de dejarle al ávido lector por lo menos una muestra del talante de este gran hombre.

- Huérfano desde los seis años, el niño Magnus sorprendió a las autoridades del Instituto Oliver Twist cuando, a raíz de un problema cardíaco que sufriera el viejo Hans –celador del orfanato-, debió conducirlo en automóvil al hospital. Esta premura en la atención salvó la vida del fiel ordenanza. Cuando fue consultado acerca de quién le había enseñado a manejar, Magnus simplemente respondió: “aprendí solo”. Mostraba así, desde chico, su genial condición de auto didacta.
- La asignación de la prestigiosa beca Edinburg, le permitió al joven Magnus proseguir sus estudios en la Universidad de Humanidades. A pesar de recibir instrucción en Literatura, Sociología y Antropología, la presencia de la bella Doctora Susan Henderson hizo que Magnus se interesara en la clase de Matemáticas por sus senos, sus cosenos y sus tangentes.
- El curso de Psicología a cargo de la voluptuosa Licenciada Molly Allen fue el responsable de que Magnus volviera a volcar su interés hacia las Humanidades: al percibir la magnitud de la propuesta bibliográfica de la docente, Magnus no pudo menos que exclamar boquiabierto qué buen corpus.
- Tras finalizar los estudios en tiempo récord, una experiencia lo marcó para siempre: a dos cuadras de la Universidad, Magnus se hizo tatuar en su brazo derecho la figura de una calavera.
- A los treinta años Magnus se casó con su mentora Molly Allen. La luna de miel en el Lejano Oriente introdujo a la pareja en una cultura hasta entonces desconocida; a partir de ese momento, Magnus sería un militante admirador de aquella cultura milenaria. Tanto fue así, que cuando nació Thomas, su primer hijo, Magnus se propuso férreamente enseñarle karate y otras artes marciales “aunque sea a patadas”.
- Durante un conflicto con estudiantes de la Universidad de Humanidades, Magnus tomó la palabra ante una numerosa asamblea. Frente al silencio inmediato de la multitud, habló con belleza y simpleza: “olvídense de las caricaturas. El corazón tiene forma de puño cerrado. ¿Qué significa esto? Pues que debemos agregar a nuestras pasiones la claridad y la concreción de una certeza; debemos sumar a la formulación humanista de nuestras ideas, el implacable rigor de un puñetazo".
- Magnus desapareció misteriosamente de su oficina un 13 de julio. La última nota escrita en su diario resulta bastante lóbrega: “No es por ser pesimista, pero creo que todo me saldrá muy mal”.

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