domingo, 24 de febrero de 2008

Los futbolistas XV/ Las calles de Buenos Aires I


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(La foto es gentileza del Muñeco Gallardo, quien se tomó el trabajo de enviar la imagen personalmente)

Las actrices XIV


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(Si bien esta actriz de cuarta ya está bastante agrandadita...)

miércoles, 20 de febrero de 2008

Homenaje a Indiana Jones

El oscuro pensador Miguel Fosatti señaló en una ponencia en la Universidad africana de Torre de Marfil: “Indiana Jones es un personaje burdo y ordinario, que no hace más que coronar las fantasías más primitivas del chauvinismo más recalcitrante”. El señor Fosatti tiene razón, pero no cuando dice la tontería que acabamos de citar sino cuando reconoce que ciertas “herraduras ideológicas” condicionan su galope por los campos del pensamiento.
Indiana Jones es un personaje muy bien logrado. Se trata de un arqueólogo aventurero, de un hombre ilustrado –profesor universitario- que no tiene nada que envidiarle a cualquier otro paladín de la justicia. El doctor Jones cumple la vieja fantasía –sucesivamente renacentista, barroca y romántica- de ser a la vez un hombre de letras y un hombre de acción (ya nos podemos imaginar cuánto les gustaría –o no- a sujetos como Fosatti ser capaces –como Indy- de recorrer con hidalguía tanto los ríos de tinta como sus correspondientes geográficos).
Las aventuras de Indiana Jones se enmarcan en lo más puro de la tradición folletinesca. La sola mención de su nombre –como ocurre con James Bond, por ejemplo- permite la asociación inmediata de un determinado conjunto de peripecias, escenarios, villanos y mujeres, que se repiten como un guiño inconsciente: siempre de igual manera, pero en todos los casos también de forma inesperada. El soporte fílmico –como la radio- posibilita un compromiso auditivo que se concreta en este caso con la fantástica música de John Williams: como si con las andanzas del arqueólogo no alcanzara, la acción es coronada y encuadrada genialmente por la inolvidable marcha del prolífico compositor.
No es casual que las mejores historias de Indiana Jones –dejando de lado, por ahora, la muchas veces injustamente relegada serie El joven Indiana Jones- estén relacionadas con artefactos religiosos (Los cazadores del arca perdida –1981- e Indiana Jones y la Última Cruzada –1989-); tampoco es azaroso que la película más “floja” (Indiana Jones y el Templo de la Perdición –1984-) sea aquella que se abstiene de hurgar en los misterios que El Código Da Vinci luego trivializaría. Al igual que todos los grandes personajes, Indy se coloca a mitad de camino entre aquello que nos resulta familiar y desconocido; produce identificación y distanciamiento; admiración e incredulidad. Y aún así, se trata de un personaje completamente genuino, virtud que el pacato de Fosatti –aún en su crítica- no puede dejar de admitir, aunque más no sea indirectamente.
George Lucas –creador del personaje, y también responsable de la historia “floja” de la segunda película- es un muy efectivo constructor de caracteres y escenarios; esto no garantiza, no obstante, su éxito como narrador de historias (véase, si no, lo ocurrido con el Episodio 1 de Star Wars, relato interesantísimo que, sin embargo, no funciona). Si tenemos en cuenta que Lucas también es el responsable de la historia de la próxima película de Indy (Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal, a estrenarse el 22 de mayo), algunas luces de alerta parecen encenderse.
Son éstas, no obstante, pamplinas propias de adeptos a la escuela de Fosatti. No nos queda alternativa que no sea la de celebrar esta nueva entrega de Indiana Jones. Es cierto: el tiempo ha pasado; ni los actores son los mismos, ni los espectadores somos los mismos, ni nada será igual. Enhorabuena. La última aventura que emprende Indiana es la del regreso. La de un regreso que lo encontrará enfrentándose no ya a germanos sino a soviéticos; la de un regreso que no lo mostrará junto a su padre –interpretado por Sean Connery, uno de los responsables de que la tercera película sea uno de los mejores films de aventuras que jamás se haya realizado- sino junto a ¿su hijo? Pero, al mismo tiempo, encontraremos a nuestro personaje nuevamente con sus característicos sombrero y látigo, buscando alcanzar aquello distante y logrando saltos imposibles (dentro de ellos, el más difícil: el salto de los diecinueve años que separan la última entrega de la nueva).
Vuelve Indiana Jones. Vuelve dirigido una vez más por Steven Spielberg, quien seguramente desarrollará una vez más en esta película el leit motiv que recorre toda su filmografía: las relaciones entre padres e hijos. Vuelven Harrison Ford, George Lucas y el mismo Spielberg, tres multimillonarios que no claudican a los millones ni a la aventura y que nos hacen sospechar que tal vez no todas las ambiciones sean malas.