miércoles, 19 de septiembre de 2007

La angustia ante la página en blanco

Suele hablarse con cierta ligereza acerca de la angustia que tiene el escritor ante la página en blanco. Claro está que con "escritor" bien podemos estar refiriéndonos a un hombre de letras dedicado a la creación artística, o bien a un periodista que debe cumplir con estrictos plazos para entregar una nota, o bien a un estudiante que debe construir una monografía lo suficientemente sólida como para que no se derrumbe en un aplazo, por ejemplo. Cualquiera sea el caso, el pavor que produce el no poder comenzar a hilvanar las palabras parece ser algo muy poco deseable. Pamplinas.
La verdadera angustia -de la que nos deberíamos ocupar en nuestras charlas de oficina- no es la del escritor ante la página en blanco sino la del lector ante los cientos de miles de páginas escritas. Nunca leeremos ni una mínima parte de lo que nos gustaría leer, lo cual no sería de por sí tan malo si no le agregáramos el hecho de que jamás tampoco leeremos ni una minimísima parte de aquello que tenemos la obligación de leer.
Notará, estimado lector, que acabamos de señalar una oposición entre el gusto (o el deseo, si usted quiere) y la obligación. Pertítaseme decir algo al respecto.
Imposible. No sé por dónde empezar. Me agobia la angustia del escritor ante la página en blanco.

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